Siempre he visto con recelo la explicación del gobierno sobre la violencia en Honduras: el narcotrafico.

Pero ahora, con datos en la mano, se puede asociar claramente que las regiones con mayor indice de violencia de América Latina son zonas de paso de la droga.

En Paraguay, país con una tasa de homicidios de 7,9 por cada 100 mil, tienen la región de Amambay, con 66,73 . Esta zona fronteriza con Brasil es zona de paso de cocaína.

Dicha tasa de homicidios esta muy igualada a la Honduras, que en 2014 fue  66,49 por cada 100 mil. Un empate técnico.

El narcotrafico en América Latina es un monstruo contra el cual no parece que se pueda vencer. Por lo menos no luchando con el directamente. Es una hidra a la cual se le corta una cabeza, y en seguida es reemplazada por otras dos. Quitas a un cartel de la droga, y es reemplazado por los subalternos más jovenes, ambiciosos y con ganas de disfrutar del nivel de vida de sus anteriores jefes.

Sino que se lo pregunten a México, país que desde 2006 lleva librando la llamada “Guerra contra el narcotrafico”. La intervención de las fuerzas armadas aumento el nivel de violencia tanto, que aparecieron las “autodefensas”, sumando un tercer actor al escenario bélico. Cada vez que alguien, ya sea gobierno, cartel, autodefensa,  piensa que se puede imponer por la fuerza, la situación no hace sino complicarse.

Planes de futuro

El gobierno de Honduras espera llevar la tasa de homicidios a 30 en tres años. O sea  volver a los valores de 2004. Dicho más claro:  volver a quedarnos solo con la violencia estructural, endemica de América Latina.

En los planes de futuro no se ven cambios como los que en su día acometió Costa Rica, y que la han llevado donde esta hoy. Su potente marca país, que lo pone como abanderado del turismo ecologico, le reporto el año pasado 2mil millones de dolares gastados por turistas en su territorio, frente a los 798 conseguidos por Honduras, según datos de la Organización Mundial de Turismo.

Muchos académicos de Honduras lo han dicho alto y claro, hasta que Honduras no invierta más en educación y menos en armas, lo máximo a lo que podremos aspirar es a ser uno más. Y ni siquiera eso, porque ahora resultará muy difícil desandar el camino sin ofrecer ninguna alternativa a nuestros jóvenes.

Parece que nuestros gobernantes no han sabido entender la información y los mensajes, y lo máximo a lo que puede aspirar Honduras, es a ser uno más.